Hugo Tolentino Dipp plantea conformar comisión para escoger condidatos
Santo Domingo.- El presidente de la comisión organizadora de la convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Hugo Tolentino Dipp, pidió al presidente de esa organización, Miguel Vargas Maldonado, conformar una comisión que la encabezarían él y el secretario general, además de representantes de Hipólito Mejía y Luis Abinader, para escoger equitativamente los candidatos en los lugares donde no se ha podido votar.
En una misiva dirigida a Vargas Maldonado, Tolentino Dipp indicó que es imprescindible aprobar la ley general de partidos antes de las elecciones del 2010, así como impostergable organizar el padrón del PRD y escoger la boleta única como modalidad para cada aspirante.
A continuación la carta: 15 de diciembre, 2009
Ingeniero Miguel Vargas Maldonado,
residente del Partido Revolucionario Dominicano.
Casa Nacional, Santo Domingo
Convencido de que en sentido general el Partido Revolucionario Dominicano ha llevado a cabo unas Convenciones exitosas, debo sin embargo exponerle algunas reflexiones personales en relación con ese certamen en mi condición de Presidente de la Comisión Organizadora de la Vigésima Octava Convención Nacional Extraordinaria.
Pecaría de desatención si antes no reconociera que ese resultado ha sido posible gracias a la dedicación al Partido que han evidenciado en todo este trabajo los compañeros miembros de esta Comisión.
Ahora bien, iniciaré esas reflexiones expresándole la imperiosa necesidad de que se apruebe, a corto plazo y antes de los sufragios del mes de mayo del 2010, la Ley de Agrupaciones y Partidos Políticos. Sin embargo, estoy consciente de que la misma no solucionará a plenitud los vicios que se evidencian en las elecciones primarias así como en las facultadas para elegir al Presidente de la República y a los representantes en el Congreso y en los Municipios.
De todas formas, es un altisonante reclamo nacional disponer de un cuerpo de ley capaz de justipreciar y escarmentar los desafueros que en el transcurso de las campañas electorales se manifiestan sin ningún pudor y sin respeto a las normas de la moral cívica ciudadana.
Fue en ese sentido que la falta total de controles legales permitió que la campaña de las elecciones presidenciales del 16 de mayo del 2008 ejemplarizara el más grotesco y vituperable espectáculo de violaciones delictuales.
Es de todos conocida la conducta del Señor Leonel Fernández Reyna derrochando a manos llenas los fondos públicos en beneficio de sus ambiciones personales.
Sin embargo, la Ley de Agrupaciones y Partidos Políticos no será, por sí sola, la panacea de las dolencias que padece el ejercicio de la política en nuestro país. Esa ley podrá culminar exitosamente sus propósitos cuando las organizaciones partidarias emprendan una labor educativa capaz de insuflar en su militancia una mística de servicio a la Nación y una convicción que las erijan en paradigmas de un credo moral que coadyuve a la esterilización de los procesos comiciales.
En lo que atañe a la organización del transcurso de las Convenciones estoy más que persuadido de que el Partido Revolucionario Dominicano debe, definitivamente, adoptar la boleta única para cada una de las candidaturas, respetando la cuota legal para las mujeres y la cuota partidaria para los jóvenes, por ser este el procedimiento, más entendible, más económico y más equitativo para un torneo eleccionario interno. Y sobre todo, Señor Presidente, es impostergable organizar el padrón de los militantes perredeístas, puesto que no se explica cómo es posible que al pasar de los años estemos celebrando Convenciones en las que buena parte de los participantes, por no pertenecer al Partido, puede sufragar de manera caprichosa y frecuentemente inducida por intereses que no responden a las peculiares aspiraciones de nuestra organización política.
En otro sentido quiero señalar que es indispensable, específicamente para la selección de los diputados, una disposición constitucional o una ley ordinaria que contemple el derecho de algunos Municipios -aquellos que tengan un número apreciable de habitantes-, de elegir sus diputados de manera directa, puesto que no pocas veces el Municipio cabecera monopoliza las diputaciones en razón de que actualmente corresponden, por decisión constitucional y de manera colectiva y geográficamente indeterminada, a cada una de las Provincias existentes.
Por otra parte, resulta imprescindible contar con una serie de normas encaminadas a establecer las responsabilidades y las sanciones aplicables a quienes, por pura ambición y sin principio justificador, son capaces de impedir la celebración de una o más Convenciones, de cualquier naturaleza que fueren.
Expreso esto, Señor Presidente, porque la experiencia reciente exige el enderezamiento de este entuerto.
Debo manifestarle que esta Comisión Organizadora no ha podido realizar las Convenciones en las Provincias Hermanas Mirabal y Santiago Rodríguez así como en algunos Municipios. Además de los desenfrenos antes señalados, en algunas de esas localidades existe el viejo hábito entre los candidatos de ser renuentes a realizar las Convenciones pautadas, acostumbrados a atribuirse las posiciones mediante entendimientos personales, cosa ésta que priva a los ciudadanos de esas demarcaciones de expresar su voto de acuerdo a su conciencia y voluntad democráticas. Es igualmente causa de esta irregularidad el desbordamiento de pasiones y ambiciones personales aunado a la pertenencia de una u otra de las corrientes existentes en el seno del Partido.
Es también motivo de preocupación la actitud de dirigentes de alto nivel, incluidos Vicepresidentes del Partido, parcializados de manera puntual en la defensa de las directrices de las corrientes que representan.
Ese comportamiento es también responsable de múltiples excusas para evitar la realización de algunas Convenciones, con la mira de que sea a Usted a quien le incumba disponer de forma discrecional de las candidaturas relativas a esas circunscripciones.
Y es mí entender que ese comportamiento no le es conveniente al Partido Y en cuanto a Usted, sólo contribuye a crearle una imagen de intransigencia, que contradice sus protestas cada vez que se le han endosado designios de esa índole.
Ese reiterado proceder de algunos miembros de nuestro partido tiende a incrementar descontentos y a profundizar divisiones frecuentemente irreconciliables.
A fin de subsanar de manera ejemplar esas licencias y esos desvaríos, estuve inclinado a aconsejar que fueran declarados desmerecedores de sus aspiraciones quienes actúan de esa guisa, aunque tras haberlo pensado detenidamente he llegado a la conclusión que de tomarse esa decisión se podría incurrir en injusticias. De allí que considero que frente a la imposibilidad forzada de llevar a cabo la lisa eleccionaria en ciertos lugares, debería conformase una Comisión, presidida por Usted en su condición de Presidente del Partido, por el Secretario General y por una representación de las corrientes existentes en esta organización, vale decir, simpatizantes de los compañeros Hipólito Mejía y Luís Abinader, con el encargo de seleccionar equitativa y cualitativamente los candidatos correspondientes. Estoy persuadido de que existen otras corrientes, empeñadas en reinterpretar la realidad del Partido Revolucionario Dominicano a la luz de su orientación social demócrata, pero me he limitado a mencionar la de los compañeros aludidos, en virtud de que son esas, en términos puramente coyunturales, las que pueden hoy día favorecer la reconciliación y unidad de nuestra organización.
Comprendo perfectamente que los señalamientos referentes a los contratiempos observados en estas Convenciones quieran ser reputados, por algunas voces, como exclusivos del Partido Revolucionario Dominicano, cuando en verdad ninguna de las otras entidades políticas existentes en nuestro país es ajena a circunstancias como las expuestas.
Es muy frecuente que algunos medios de comunicación estimen, y esto tiene su relativa explicación, que la noticia más deseada y atencionada deba ser aquella que desvela los defectos de las instituciones políticas.
Y si es cierto que así acontece en buena parte del mundo, creo que en pueblos como el nuestro es también indispensable resaltar los aspectos positivos encaminados a mejorar nuestra democracia; por cuanto, a no dudar, no deja de andar con cojera por demás mostrenca.
Puedo asegurarle que no es poco lo que estas Convenciones me han enseñado y, por ende, mucho lo que he aprendido y lo que me sugieren como recomendaciones, aunque es lógico que las exigencias de muchas de ellas no son tan apremiantes.
Queda de Usted y le saluda con toda consideración,
Hugo Tolentino Dipp.


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