Vivencias en pro de una buena causa
Es cierto. Allá, en el momento en que admirábamos lo logrado por cada uno de nosotros, nos dimos cuenta. Todo es cuestión de querer. Querer de corazón hacer algo.
QUIEN ESCRIBE PARTICIPÓ EN UNA JORNADA DE RECONSTRUCCIÓN EN HAITÍ
Realidad. En estas condiciones es que viven muchas de las familias afectadas por el terremoto del 12 de enero.
Grand Goave, Haití.- ¿Qué es la pobreza extrema? Para los economistas, se define como aquellas personas que viven con menos de un dólar al día. Para otros, la pobreza extrema es un discurso disfrazado de violencia que se mueve en el limbo conceptual del desempleo, las drogas y la mendicidad. La pobreza es, simplemente, un estorbo en las esquinas y semáforos cada vez que extiende su mano huesuda pidiendo una moneda.
Pero, ¿es eso realmente? Mientras construíamos con la familia de Joau, descubrí una familia auténtica, con sus vulnerabilidades y carencias, pero que también existe en el plano en que nos movemos. Tiene expectativas e intereses; ritos, sentido del humor, lágrimas, sueños y juegos.
“Verlos es el primer paso”, susurró a manera de reflexión Ignacio, un joven voluntario costarricense, mientras colocábamos el primer pilote, llamado pilote maestro.
En este punto, la pobreza cobra una contundente materialidad. Jacques, el padre de Joau, me dirige una radiante sonrisa, alegre por saber que su familia tendrá un techo seguro donde dormir mañana en la noche. ¿Una sonrisa es material o inmaterial?
“Nada permanece tanto como el llanto”, comentó uno de los voluntarios mientras observaba la desolación existente, presente quizás antes del terremoto del 12 de enero.
Grand Goave es una población costera de 112,000 habitantes situada a 21 km al oeste de Leogane, epicentro del terremoto, y a 59 km de Puerto Príncipe, capital haitiana.
Dos cosas llamaron poderosamente la atención en Grand Goave: la primera era su verdor, increíble para la mayoría considerando que gran parte del territorio haitiano está deforestada, y la segunda era la devastación existente unida a una miseria galopante.
La pobreza se reproduce. La familia de la joven Joau, junto con 100 familias más, fue beneficiada por la ONG latinoamericana Un Techo para Mi País (UTPMP) con una vivienda prefabricada de 18 metros cuadrados. Pequeña, pero para cada familia favorecida significa un techo digno donde vivir y resguardarse.
“No necesitamos de grandes logísticas para hacer grandes cosas”, comentó entusiasmado Javier Laínez, uno de los miembros de la directiva de UTPMP, mientras construía junto a su familia. Es cierto. Allá, en el momento en que admirábamos lo logrado por cada uno de nosotros, nos dimos cuenta. Todo es cuestión de querer. Querer de corazón hacer algo.


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